Cupido, reteniendo a un galgo.

Las personas aman, no les basta
con saber que todo amor acaba.

Insisten, se hacen con el yugo.
Pero insisten, aunque ése saber
les cansa y todo les duele más
que una noche ártica con hielo,
y les incita a convocar un nombre,
a anudarse en la muñeca una cuerda
débil, algo frágil como tatuarse,
como pactar con sangre o jurar
con katana como solo debe hacerlo
un samurai, o redactar un contrato
en el mismo papel que habrán
de fumar
-saben que es algo que no,
no, no tendrán que cumplir-
porque saber no les basta,
e insisten – porque no les importa-
en ser personas que aman
-a veces- y no son necios, tan solo:
insisten y eso les basta.

Pero no existe el amor.

Bien lo saben.

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