Grecia en quiebra. José María López y Rafael Muñoz Zayas

Tranquiliza pensar que nadie puede desligar sus valoraciones de sus experiencias vitales en ningún momento de su existencia, y que no es menos cierto que lo que nos conforma como sociedad y como personas es la suma de nuestra propia historia y la de la historia a la que pertenecemos. Sentada esta premisa, el núcleo del pensamiento occidental, guste o no, está alimentado por la cultura helenística, y las luces de entonces nos siguen iluminando 2.400 años más tarde, tamizada por la dominación romana y con la gran reinterpretación del Renacimiento italiano que nos acercó a su concepción del hombre y su tragedia. Sin duda, es la misma concepción del hybris griego la que hoy día avanza implacable hacia nosotros en forma de abismo financiero, de la misma manera que, según Enzensberger, el iceberg avanza implacable hacia el pasaje del Titanic.

Dudamos mucho que en las negociaciones previas a la quita por importe de 100.000 millones de euros de la deuda soberana griega acordada hace varios días se haya realizado valoración alguna, por situar las cosas en su contexto, de la deuda que Europa mantiene con Grecia, empezando por su misma denominación (con origen en el mito del rapto de Europa por Zeus), la cual es simplemente incalculable e inestimable. El saldo, en una hipotética compensación de deudas, sería claramente favorable a Grecia pero, desgraciadamente, las deudas culturales son más difíciles de cuantificar que las financieras, y ya hay algo trágico en la simple contemplación de esta realidad.

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