Hay algo irreal en las viejas fotografías

Aún queda cierta belleza

cierta belleza de ti

en el instante congelado de la fotografía
en la que miras de frente

yo como un muñeco de cartón caminando

no a tu lado
sí unos metros por delante de mí

y toda tú eres sonrisa sin mover los labios
estático el cabello
congelada la mano en el gesto
inútil de alcanzarme
quizás el brazo

el cabello aún está rizado y brillante
y el plástico cubre tu imagen
mientras el mundo se aja
como la piel de una sandía
expuesta al sol
o el corazón de un hombre
seco al cabo de unos años

es lo que le pasa a las personas
que han jugado a tus ritos

por eso sé
que si hubo otro tiempo
cuando el don Juan de los días felices
no sabía nada del ayer y nada del mañana
y el hoy era una incesante sucesión
de breves encuentros
donde sólo tu don de escapista
tenía importancia
ya nos es igual

también un cartógrafo
abandonaría su oficio
tras trazar sobre su espacio conocido
el milímetro de su medida

y por eso sonríes
como si te fuera la vida en ello

y lo que crecía entonces en ti
tenía marcada su hora punta
y ya parecías saber que ese amor
era como el vuelo último del Hindenburg

si observo con detenimiento el fondo de tus ojos
ahora que tan sólo permaneces ahí
en ese delgado espacio de la pantalla
donde has aparecido de nuevo
incapaz de deshacer la cuerdas
de abrir con ganzúas diminutas
los cerrojos con los que juegas
a aprisionarte
pequeña Houdini del pasado
en aquello que podemos llamar
los dos
de nuevo
hoy
debes saber
: ése que está a tu lado
detenido en el tiempo
ahora comprende
que de nada ha servido practicar mil veces
escapar de la muerte bajo el agua helada
si hay fragmentos de la memoria
que duelen cada día

y que estamos los dos ahí
viviendo
tan lejos
el uno del otro
que ya sólo permanecemos en el mundo
como metralla fósil
de otro tiempo

como arqueología fugaz
de la memoria

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