Eutopía

Quiere discenir entre modelos correctos. Toma por un lado avistamientos de Kepler y por otro, el sueño sin fin de un universo en completo desarrollo, latente en su interior. Queda turbada por la imposibilidad de lo finito, pero, como esos niños que vigilan su sombra al atardecer, duda. Piensa que la realidad visible es solo fragmento de una totalidad nasciente en cada instante y cae apenada profundamente. Como si esta bondad de los lugares nuevos fuera el veneno del libre albedrío, la luz de Lilith, la oscuridad de los hijos engendrados al amparo del ángel caído, y no querer volver al paraíso sea el mejor castigo contra el creador. Mientras, se peina, lentamente, como si nada más importara en su mundo.
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