Internet y poesía o ¿De qué estamos hablando?

No sé si nuestros colegas van a encarar sus intervenciones en este foro electrónico desde un punto de vista teórico o práctico, pero pienso que es conveniente que alguno de nosotros reflexione acerca de los términos “Poesía” y “Red”, y de las relaciones que se establecen entre ambos dentro de las nuevas posibilidades que nos ofrecen las publicaciones electrónicas.
Intuyo que por “red” hablamos de este invento ultramoderno que conocemos como “Internet”. Y aunque parezca que no es necesario hablar acerca de este término, voy a intentar aclarar, si es posible, parte de la naturaleza última de ese entorno casi mágico en el que nos estamos sumergiendo.
Para algunos antropólogos nos encontramos ante una nueva mutación del género humano. Podríamos decir que nos encontramos en el momento de la aparición de El homo digitalis, siendo Internet el hábitat en el que se encuentra inmerso esta nueva forma de humanidad. Una humanidad que ha trocado el fuego bajo el que se contaban las primitivas manifestaciones orales de la literatura por un teléfono móvil con conexión de banda ancha a Internet.
Como es sabido todo hábitat tiene una serie de características que, en nuestro caso, se articulan en torno a dos ideas oídas hasta la saciedad y casi vacías de significado. Por un lado tenemos “las autopistas de la información”, que son el soporte vehicular por el que ésta se transmite y los canales por los cuales se distribuye sin barreras aparentes; por otro lado nos encontramos con la llamada “la sociedad de la información”, es decir, el conjunto de los seres humanos que tienen acceso a esas vías por las que fluye. Estos dos términos, como si fueran mandamientos sagrados se resumen en uno: “Las Sociedades de las Tecnologías y la Comunicación”.
Expresión común de cualquiera de estas nuevas sociedades y de sus elites son las literaturas electrónicas, que plantean una serie de transformaciones frente a las literaturas tradicionales bastante interesantes y que van a afectar finalmente al objeto de lo que tradicionalmente ha sido llamado como poesía. Cambios que afectan al término en su esencia ontológica y a la manifestación contingente de la misma.
La aparición de estas nuevas literaturas converge con un problema en absoluto nuevo: podríamos afirmar que estos cambios entre el objeto de la poesía y su manifestación física son la culminación de un proceso que arranca con el Romanticismo y que llega hasta el momento actual, proceso centrado en la transformación del concepto de poesía y en su plasmación en el plano de lo real. Esta transformación ha ido pareja a una evolución sin precedentes en el género humano espoleada por los cambios tecnológicos.
El Romanticismo trasvasa el concepto de poesía del objeto al sujeto de la misma, es decir, del poema a la emoción poética, que a mi parecer tiene un doble sentido, emoción poética del que contempla el objeto y del que lo crea. La extensión de lo poético va poco a poco alcanzando a todas las artes y en la actualidad nos tenemos que plantear desde una perspectiva nueva qué y qué no es poesía.
Y esto es así porque pese a que la mayoría de nosotros sigue empleando el término poesía aplicado a un texto con ciertos atributos como puede ser el ritmo, la rima, la desviación del lenguaje empleado frente al estándar, puede que “poesía” como término abarque un significado más amplio y cuya extensión se vea ampliada por la aparición de las llamadas literaturas electrónicas.
Este problema se puede trasladar a su vez a un plano aún más complejo, pues en muchas ocasiones el término poesía se superpone y asimila al concepto de arte. Y aquí reside uno de los límites que van a marcar mi intervención. Pues en última instancia tendríamos que distinguir qué es o no es arte, o al menos tratar sucintamente la posición del poeta o del artista en general frente a este nuevo medio, Internet, que es a la vez materia elemental e instrumento necesario para la creación.

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