Yuri

12 de abril de 1961
el parte de las noticias
de la televisión oficial soviética
ha sido claro
:
Yuri Alekséyevich Gagarin
ruso, ciudadano comunista,
militar de carrera,
el de la sonrisa imbatible,
es el primer humano que escapa
de la Ley de la gravedad
y se asoma al espacio

los resultados son inesperados
Yuri Alekséyevich Gagarin
militar de carrera
se convierte en el primer ecologista
de dimensión planetaria

un héroe de dimensiones cósmicas
capaz de pasear bajo la lluvia de Manchester
mientras una multitud le contempla bajo sus paraguas

el primer hombre en escapar al espacio y regresar
el primero entre todos nosotros que tomó conciencia
de lo pequeño que es este mundo
de lo reducidos que son nuestros sueños
de la brevedad de toda existencia

Yuri Alekséyevich Gagarin
12 abril de 1961

nuestros ojos
todavía te contemplan

eres Ulises, Ricardo Corazón de León, Ray Charles,
un Elvis sideral,

nuestro mundo
todavía te envidia.

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La pólvora invisible

el coche está sucio y huele a colillas
y el suelo, tan lleno de barro,
que a veces creo
que no podré pisar el freno
cuando tomemos una curva
más cerrada de la cuenta

aunque no tengo prisa
y no llego a tener muy claro
si es que importa que lleguemos a algún destino

el viaje se ha hecho largo
los cristales empañados no han dejado
finalmente ver el paisaje

en algún momento hemos parado
para ver un castillo y un puente abandonado
y más tarde hemos caminado muy despacio
por una ciudad pequeña

y después de almorzar
en un restaurante vacío
unas truchas rellenas asalmonadas
y dos botellas de vino blanco
—Chardonnay—
hemos decidido
regresar a casa

no ha habido una palabra
más alta que otra:
todo ordenado
todo perfectamente civilizado

las personas educadas
son capaces de odiarse
sin nada que lo demuestre
podríamos decir que a veces
reside en cada gesto contrariado
en cada palabra no dicha
un resto de cariño agridulce

es la pólvora invisible
en las manos del asesino

pero hablamos mientras conduzco
y el coche avanza como una planeadora por el Estrecho
y la carretera se escora como un barco a punto de hundirse
y el bosque está rizado de marejada
y manojos de flores en los arcenes
recuerdan donde habitan los aparecidos
que se asoman en las noches de tormenta
para asustar a gente perdida
gente perdida como nosotros
de vez en cuando veo
unos ojitos brillantes
que nos acechan
y no puedo evitar sonreírme
mientras pienso en cuando éramos niños
y nos daba miedo lo desconocido
— ya no
me dices
— ahora queremos mover las cortinas
ver qué se esconde tras ese miedo

hoy,
los dos lo sabemos,
lo que nos deja paralizados
es saber del vacío bajo la cómoda
del espacio muerto junto a la ventana
parece que los espejos devuelven una imagen
que no es ya la nuestra

y nos quedamos en silencio

la lluvia
ha desdibujado el futuro gota a gota
hasta hacerlo nada
y el pasado en el cristal trasero
es un limpiaparabrisas roto
incapaz de desplazar al agua sucia
por una superficie cada vez más oscura
y parece que a medida que nos acercamos
a una casa que se desmorona
cae con más intensidad
agua
agua rabiosamente turbia
agua que es pura zozobra
agua que no podrá hacer
que empecemos de nuevo.

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Inventario

proviene del invierno
de inventariar aquello que se posee
de inventar objetos
de ser mediocremente
invencible
enumerar uno tras otro
aquello que se posee
ahondar en lo privativo

el pasado es una cifra
algo parecido a una carga
al viento que se cuela bajo la cortina sucia

es invierno que crece en primavera

una cifra imposible de libros
cientos de compactos con música que ya no escuchas
películas con sus carátulas
un calentador que ya no funciona
pufs húmedos de cuero que habrás de tirar a la basura
papeles quemados en la chimenea
diarios de otros que no miras
cartas de otra vida
un post de personas
que mantienen su silencio

cervezas calientes que tiras por el fregadero
hubiera estado bien
hace mil años
decidir ser una estrella de rock
no un poeta

pero cada uno escoge su propia condena
cada uno decide si la pastilla azul o la roja

se decide si hoz o martillo
y las reivindicaciones primeras
en la revolución del proletariado del campo
y el plomo o el sedal

esta es la realidad

lo que hay detrás
de los monstruos que despiertan
y quieren hablar con K. en la mañana

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Rimbaud

Yo también te prometo ser bueno, Arthur,

bueno a tu estilo metódico y planificado,
lejos del caos que se te presupone,
tú,
que tenías el orden natural de tu lado,
en tu mente,
tú,
que desde el primer instante sabías
que debías de emprender una revolución,
un camino, trazar con tiza sobre el suelo
el periplo de tus circunvalaciones,

por eso yo también te prometo ser bueno,

bueno en la forma en que tú solías serlo,
un tanto demencial, arbitrario, veleidoso,
ambiguo como el dinero, como lo encontrado
y perdido dentro de cada uno de los libros,
desastrado, pobre en espíritu, rapaz,
incendiario, adscrito a cualquier
pelotón de fusilamiento
que disparase río arriba,
anárquico,
ambicioso hasta la podredumbre,
rastrero hasta lo innombrable,
vagabundo, estéril, sifilítico
y alcohólico, como tu amante Verlaine,

seré infantil mientras escribo
que mordisqueo por ti los claros de luna,
a los sirgadores del río que impulsan mi barca
hasta un rumbo imposible de descifrar,
llegará a gustarme hasta Víctor Hugo,
tendremos miedo a la misma boca de la sombra,
a las tropas prusianas, al sol del desierto,
a las armas, con las que fácilmente,
nos haremos
i n m e n s a m e n t e
ricos,
—o no—
descifraré contigo qué se oculta tras cada color,
y, sobre todo,
si he de compartir con alguien
los senos de Amelia,
sus tetas blancas,
sus pezones negros como una bacanal,
será contigo,

porque te prometo ser bueno, Arthur,
y beberé contigo, y fumaré hachís,
y esperaré a que el barco se hunda
en el mismo oscuro y puto agujero
donde vivimos.

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Ars nova

No hay suficientes fuentes
alimentando este Nilo -sucio-,
y el agua fluye entre barcos
que parecen quebrarse
bajo el peso del negro alabastro,
y el sol no parece ser incendiario
ni el viento favorable,

nada que nos haga ahora
que dejamos Alejandría,
volver a tener abiertos
los ojos, fijos en tu cuerpo
sobre la cama del hotel
vestido, como si las reglas
del arte hubieran cambiado

solo, solo para ti.

Si no hubiera sido mejor
entonar canciones del Norte.

Si no hubiera sido mejor
sucumbir a la más oscura
de la condiciones humanas,
y entonces hacer que las reglas
del arte cambiaran, pero
sólo, sólo para mí.

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Certeza de perro

veinticinco años después del suicidio de Urtain
la mañana en el que el mundo amaneció
con el cuerpo de Chester Bennington
colgado de una soga de alta calidad
en el algún lugar
de una remota mansión
el mismo día en el que nos enteramos
que dirigentes de la gran china
que fue comunista
solicitaron al icono mundial
suspiro y afán de un par de centenares
de millones
de seguidores
que madure
el mismo día
en el que mundo aún ignora su fecha de caducidad
habiendo superado en un par de décadas
la fecha de consumo preferente
y se conocen
públicamente
las certezas de los banqueros
que demostraron ser capaces
de volar lo que había en su corazón
mi perro
en este mismo instante
en lo que todo parece saltar por los aires
y
cuando no lo hace
nos hace ver que ya es hora
que el tiempo se ha cumplido
mi perro
lame mi brazo y me consuela
tratando de apartarme
como si este teclado
y esta pantalla
fueran una puerta de entrada y de salida
a todo lo que hay de malo en el mundo
a todo lo que hay de malo en mi mundo

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Norte a ciegas

Hoy me siento perdido

hoy me siento con la prisa
que mueve y mueve los aviones

hoy me siento igual que el éxodo de mi pueblo
hoy me siento igual que un campo de refugiados
hoy me siento igual que una pistola a la sien apuntando
hoy me siento igual que un gramo de coca
hoy me siento igual que un secuestrado
hoy me siento igual que un mártir de Al Aksa
hoy me siento igual que ayer
y es posible que mañana me sienta igual
y de la misma manera miro al cielo
miro a la montaña
miro a todo lo que permanece
y me siento igual que el látex de las putas
que jamás verán el sol.

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Variaciones sobre primeros versículos de un texto sagrado que sirva para conjurar el fin de toda vigilia

Marchar al Norte
ahora que vuelves
ahora que creas
en lo más cálido del invierno
el código de tu presencia
ahora que rompes de nuevo el canto
perpetuo de lo oscuro
y el sino implacable de lo dicho
es el silencio a mis preguntas
y lo estridente del rayo
que rompe la noche en la tormenta
es fulgor de la primera mirada

y el lodo del camino
que amenaza tu paso
es el último sentir
de tu mano en mi mano

y todo se vuelve
esta carretera cortada
el coche apartado a un lado del camino
la mujer muerta que acecha en la curva
la mano que te arranca el corazón
y el alien que te rompe por dentro

ése que precisa de ti
aunque calle y sepa
que este miedo puro
te dará nombre nuevo
cuando ya todos piensen
que te ha abandonado
la razón de ser

aquí

donde permaneces atado al vínculo de la vida
tan muerto como un globo que se alza entre las nubes
hasta perderse

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